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Los lácteos y el queso Pirámide nutricional Valor energético
Los lácteos y el queso
Los lácteos son fundamentales en la etapa de desarrollo y crecimiento de un niño, como también representan una importante fuente de nutrientes para un adulto, además de resultar un placer puramente gastronómico.

La leche es uno de los alimentos más importantes para el organismo no sólo por la cantidad de nutrientes que posee, sino también porque ayuda a mejorar el propio valor nutricional de otros alimentos, razón por la cual se recomienda su uso en la elaboración de otros productos, como puedan ser salsas, cremas, postres, etc.

Fuente de calcio, proteínas, grasas, carbohidratos o azúcares y vitaminas, la leche, así como sus derivados, forma parte del grupo de alimentos formadores, en virtud de las funciones que desempeña en el organismo.

Los productos lácteos contribuyen a formar huesos, uñas y dientes fuertes y sanos, favorecen la construcción y reparación de músculos, tejidos y órganos, y evitan la anemia, además de la fatiga muscular y mental.

Un adecuado consumo de tales alimentos en la infancia puede prevenir dolencias futuras, por ejemplo, la osteoporosis en las mujeres de mediana y tercera edad. Sin embargo, más allá de cualquier función preventiva, sobresale el valor de la leche como fuente de energía y nutrientes en la primera etapa de la vida.

Existen varios tipos de leche:

Pasteurizada: la más común, la cual se somete a un proceso de calentamiento para destruir las bacterias portadoras de enfermedades. Homogeneizada: Experimenta un proceso que prolonga su vida útil y evita que la grasa aparezca en la parte superior en forma de crema.

Evaporada: aquella a la que se le ha extraído un poco más de la mitad del agua.

Desnatadas y semidesnatadas: son frescas, pasteurizadas y poseen menos cantidad de grasas, tienen un valor calórico reducido, por lo que son recomendadas para las personas con exceso de peso o regímenes bajos en grasas.

Leche UHT: de larga conservación, no necesita refrigeración hasta ser abierta, porque ha sido envasada asépticamente en cartonajes especiales que la protegen del oxígeno y la luz, manteniendo así su calidad y sabor.

Leche condensada: posee mucha más azúcar y menos contenido de agua.

Leche en polvo: se logra al extraer toda el agua de la leche, no necesita refrigeración y debe conservarse en lugares frescos y secos.

El queso, el 'Hijo predilecto' de los lácteos.

El queso, fuente de proteínas y minerales, además de alimento delicioso, es el derivado lácteo por excelencia.

Al variar la leche utilizada, el cultivo láctico añadido y el proceso de elaboración, se obtienen diferentes tipos de quesos, los cuales pueden clasificarse atendiendo a tres grandes grupos: frescos, curados y fundidos.

Quesos frescos: aquellos que no sufren ningún proceso de curación.

Quesos curados: aquellos que a través de técnicas de curación adquieren diferentes aromas, sabores y texturas, mejorando su conservación y digestibilidad.

Quesos fundidos: se extraen de varios quesos o de uno solo y en ocasiones se les añaden otros ingredientes como leche en polvo, suero, crema o mantequilla, agua y sal.

Para garantizar un buen estado de conservación del queso, debe mantenerse en un sitio fresco, en frigorífico a una temperatura media de unos 8 Cº. y debe ser protegido del aire, ya que éste produce sequedad y forma levaduras en su superficie. La luz intensa tampoco es buena compañía, ya que provoca la oxidación de su grasa. Si el queso se reseca y se pone muy duro, los mejor es rallarlo o utilizarlo para gratinar.
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